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Quién paga la limpieza en un piso de alquiler: ¿Propietario o inquilino?

La limpieza en una vivienda de alquiler es uno de esos temas que puede generar malentendidos entre propietario e inquilino si no se establece claramente en el contrato. Aunque parezca un detalle menor, mantener la vivienda en condiciones adecuadas forma parte de las obligaciones básicas del arrendatario (inquilino) según la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU). Sin embargo, hay matices importantes: la ley distingue entre el uso ordinario del inmueble y los daños o deterioros que exceden el desgaste habitual. A continuación, analizamos qué dice la normativa, cómo se aplica en los cambios de inquilino y cómo evitar conflictos innecesarios. ¡Vamos a ello!

¿Quién paga la limpieza en un piso de alquiler?

La Ley de Arrendamientos Urbanos (artículos 21 y 27) establece que el propietario está obligado a realizar todas las reparaciones necesarias para conservar la vivienda en condiciones de habitabilidad, siempre que el deterioro no sea imputable al inquilino. Por tanto, las tareas de limpieza y mantenimiento ordinario corresponden al inquilino, mientras que las reparaciones estructurales o los trabajos derivados del uso normal del tiempo (como pintar o reparar humedades por causas naturales) corren a cargo del propietario. Además, el artículo 21.4 de la LAU aclara que el arrendatario debe hacerse cargo de “las pequeñas reparaciones que exija el desgaste por el uso ordinario de la vivienda”. En ese mismo sentido, mantener la limpieza e higiene del inmueble forma parte de esas pequeñas obligaciones cotidianas, ya que contribuyen al correcto uso del espacio.

Lo vemos con varios ejemplos para despejar las dudas sobre quién paga la limpieza en un piso de alquiler. Corresponde al inquilino:

  • Mantener limpios los suelos, baños, cocina y electrodomésticos.
  • Evitar la acumulación de residuos o suciedad que cause daños o plagas.
  • Conservar los muebles y utensilios (si los hubiera) en un estado adecuado de uso.

En cambio, si el inmueble presenta problemas de salubridad por causas ajenas al inquilino (como filtraciones, moho estructural o defectos de ventilación), la responsabilidad recae en el propietario, puesto que son cuestiones que afectan a la habitabilidad general. En resumen, mientras el arrendatario debe ocuparse de la limpieza diaria, el arrendador se encarga de garantizar que la vivienda reúna las condiciones mínimas para poder habitarse.

¿Y la limpieza tras un cambio de inquilino?

El momento del cambio de inquilino es uno de los más sensibles a la hora de determinar quién debe asumir la limpieza. Según la Ley de Arrendamientos Urbanos (artículo 36), el inquilino está obligado a devolver la vivienda “en el mismo estado en que la recibió”, salvo los desperfectos producidos por el uso normal. Esto significa que, al finalizar el contrato, debe entregar la vivienda limpia y cuidada, tal y como se encontraba al inicio del arrendamiento. Si el propietario detecta suciedad excesiva, olores fuertes, manchas, o daños derivados de la falta de higiene, puede descontar el coste de la limpieza o reparación del importe de la fianza, siempre que lo justifique con facturas o presupuestos reales. La LAU permite este descuento porque la fianza tiene precisamente la función de cubrir los posibles deterioros causados por el inquilino que vayan más allá del uso normal de la vivienda.

En este sentido, la clave está en el inventario o acta de entrega. Si el contrato de alquiler incluye un documento con fotografías y descripción del estado inicial, el propietario podrá demostrar fácilmente si la vivienda fue devuelta en peores condiciones de las que se entregó. Del mismo modo, si el inquilino entrega el inmueble en perfectas condiciones de limpieza, tiene derecho a recuperar la fianza íntegra. Por tanto, al finalizar el contrato:

  • El inquilino debe limpiar la vivienda antes de entregarla.
  • El propietario puede descontar los gastos de limpieza de la fianza si demuestra que la suciedad excede el uso razonable.

En caso de desacuerdo, cualquiera de las partes puede recurrir a un procedimiento de reclamación o mediación. En los contratos bien redactados, este tipo de situaciones se evitan fácilmente especificando quién debe encargarse de la limpieza final y bajo qué condiciones puede retenerse parte de la fianza.

Reglas de limpieza para inquilinos, la mejor forma de evitar conflictos

La mejor estrategia para evitar problemas en torno a la limpieza es establecer normas claras desde el inicio del contrato. Estas reglas no solo ayudan a prevenir conflictos, sino que también garantizan el buen mantenimiento del inmueble durante toda la duración del alquiler y una mejor convivencia entre inquilinos si el inmueble se renta por habitaciones. Estos son algunos consejos útiles:

  • Incluir una cláusula de mantenimiento: es recomendable que el contrato indique expresamente que el inquilino se compromete a mantener la vivienda en condiciones adecuadas de limpieza y orden.
  • Realizar un inventario fotográfico: las fotografías del estado inicial permiten comparar la situación al entregar las llaves y evitar reclamaciones injustificadas.
  • Reglas de limpieza y orden general para inquilinos: siempre es aconsejable especificar las normas de convivencia básicas y dejar constancia de ellas, por ejemplo, en un tablón de anuncios en el propio inmueble.
  • Establecer la obligación de limpieza final: especialmente en los contratos de corta duración o alquiler vacacional.

Además, es fundamental fomentar la comunicación y la confianza. Si surgen problemas de salubridad o deterioro, lo ideal es que el inquilino lo comunique al propietario lo antes posible para poder actuar. Los conflictos más comunes suelen deberse a una falta de diálogo o a la ausencia de cláusulas claras en el contrato. En este contexto, contar con un servicio de alquiler garantizado como el de SEAG ofrece una tranquilidad adicional a los propietarios. SEAG no solo protege frente al impago del alquiler, sino que también ofrece defensa jurídica integral y cobertura de hasta 3.000 € frente a daños o actos de vandalismo, situaciones que a menudo se derivan del abandono del inmueble en mal estado. De esta manera, los propietarios pueden recuperar su vivienda con seguridad y sin asumir los costes derivados de la falta de mantenimiento, garantizando que el proceso de alquiler sea transparente y justo para ambas partes.

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